El Celler de Can Roca

Hablar del Celler de Can Roca, no es hablar de un restaurante cualquiera, eso se da por supuesto, ni de un restaurante de los considerados pijos, ya que cualquiera puede ir. Claro, cualquiera a quien le guste la cocina de los sentidos, y obviamente haya ahorrado durante varios meses unos eurillos para disfrutar de una de las experiencias más maravillosas del mundo de la restauración, y de la vida en general.

Yo aconsejo que de vez en cuando, nos permitamos este tipo de lujos, ya que, aunque muchos consideren que es caro, yo no lo creo en absoluto (y no es porque me sobren los euros, de hecho últimamente estoy más seco que una mojama), sino porque el precio que pagas por pasar una noche en el “Can Roca”, es más o menos lo mismo que te gastaste en el regalo de bodas de tu cuñado, boda a la que no tenías ningunas ganas de ir, y te tocó por narices… (y porque no querías dormir un mes en el sofá…). Vale, yo tengo un problema con los precios de las cosas definidas como sibaritas, ya que considero que muchas de ellas no tienen precio, porque más que algo tangible, comestible o bebible, es una experiencia, un cúmulo de sensaciones, que permanecerán en tu memoria toda la visa… quiero decir, toda la vida, perdón….

El por qué del Celler del Can Roca y no otro no es fácil de explicar, y es algo más personal que otra cosa. En mi caso, es porque al estar metido de alguna manera en el mundillo de los vinos, pues estaba enganchado a un programa de TV3 llamado “En Clau de Vi”, y el presentador del programa se apoyaba mucho en el Sr. Josep Roca, el mediano de los hermanos Roca, sommelier reconocido, y figura imprescindible del vino actual. El que tuviera 3 estrellas Michelin y fuera el segundo mejor restaurante del mundo según la revista “Restaurant magazine”, también han influido en la decisión de visitar este restaurante.

Después de ponernos de acuerdo los mismos de siempre para gastarnos una pasta en el segundo mejor restaurante del mundo, pues llamamos para reservar… Eso fue en febrero de 2012, y nos dieron mesa para el 21 de septiembre… por poco se nos pasa la fecha, menos mal que la teníamos bien apuntada. De hecho nos dijeron que si queríamos ir entre semana, la lista de espera era más pequeña, pero claro, solo podíamos ir en fin de semana, ya que hay que ir hasta Girona. Pero bueno, ya nos pareció bien la larga espera. El caso es que conforme se iba acercando la fecha marcada en rojo fosforescente en el calendario, y la agenda del iPhone, nuestras dudas iban creciendo… cómo sería?, valdría la pena?, saldríamos con hambre? (la cocina de este tipo, considerada minimalista por algunos, puede llevar a este tipo de dudas)… aunque enseguida nuestras dudas se resolvieron.

El restaurante:

Qué guapos que están (y qué nerviosos…):

La casa por fuera:

Teníamos mesa a las 21:00, y a eso de las 20:45 ya estábamos en la puerta del restaurante… en estos casos la puntualidad es importante, hay que dar buena imagen (aunque yo llevaba unos zapatos que recibieron alguna crítica por parte de alguien de nosotros…). Entramos, dijimos que teníamos mesa reservada, y lo primero que nos preguntan:

- ¿Es la primera vez que venís a la casa?

Ya está, ya la he liado, pensé… Como no sabíamos las reglas exactas de vestimenta de estos sitios, supuse que me iban a decir que con esos zapatos no podía entrar… ya me veía en un McDonnalds de Girona cenando una hamburguesa recalentada y unas patatas fritas de esas que parecen de goma, mientras el resto de la gente con la quien iba, se morían del gusto. Pero no fue así. Al decirles que sí, que era la primera vez, nos hicieron una segunda pregunta:

- ¿Queréis visitar la cocina?

- Sííííííí…

Creo que este “sí” al unísono de los cinco que estábamos allí plantados se oyó hasta en el McDonnalds donde hacía 10 segundos pensaba que iba a cenar solito.

Así que allí que fuimos, nos enseñaron la cocina, las distintas salas donde se preparan los diferentes platos, etc, etc, etc… Ya está, ya había valido la pena el viaje. Pero aun había más: la cena en sí. De los dos menús degustación que hay para elegir, nos decantamos por el Menú Festival (el grande, una vez que vamos…), con la opción de maridaje (una vez que vamos…), es decir, una copa de vino por cada uno de los platos que nos sirvieron. Dicho menú consistía en varios aperitivos, 9 platos y 3 postres.

La cocina:

La carta:

Yo acompañando a la carta de vinos. Un carrito con tres tomos que ni la enciclopedia británica. Menos mal que pedimos la opción del maridaje, ya que encontrar un vino entre tantas referencias nos hubiera ocupado un buen rato.

Y ya, sin más dilación, os voy a presentar los platos que nos sirvieron. No los voy a comentar, ya que ahora mismo no tengo las palabras suficientes para describirlos, así que solo os voy a dejar una foto y el nombre de los platos. Solamente deciros una frase que dijo Oriol en uno de los aperitivos: “No quiero tragar”, creo que eso lo resume todo.

Primero os enseñaré los aperitivos. Todos regaditos con varias copas de “Albet i Noya Cava El Celler Brut. DO Cava”:

Comerse el mundo: México, Perú, Tailandia, Marruecos y Japón:

Aceitunas caramelizadas:

Bombón de trufa y Brioche de trufa:

Calamares a la romana y Mejillones en escabeche:

Falta la imagen del Bombón de Campari y Pomelo, que no me dió tiempo a hacer la foto, je, je…

Y ya empezamos con los platos principales.

Ostra con la perla negra envuelta con su jugo (con zumo de melón, puntos de pepino, apio, manzana, jalea de limón, oxalis acetosella, flor de melón y cordifiore):

Y para acompañar a la ostra, una copita de “Expression de Granite Domaine de l’Ecu 10. AOC Muscadet Sevre et Maine”:

Trigo verde con sardina ahumada, uva, helado de pan tostado con aceite y espuma de levadura:

Regadito con “Gramona Celler Batlle. Gran Reserva 2001. DO Cava” (madre mía cómo estaba este cava…)

“Olivada”. Gazpacho de olivas negras, mousse de oliva gordal picante, buñuelo de oliva negra, helado de oliva manzanilla, pan tostado con aceite, geleé de hinojo, geleé de ajedrea y oliva picual:

Con una copichuela de “Manzanilla Pasada 30. DO Jerez”:

Contessa de espárragos blancos y trufa:

Bien acompañadita de “Albert Mann Muscat 11. AOC Alsace”:

Toda la gamba. Gamba a la brasa, arena de gamba, rocas de tinta, patas fritas, jugo de la cabeza y esencia de gamba:

Y para poder acabar con ese plato, nos trajeron “Loxarel Xarel·lo Rojo 11 Vilobí del Penedès”:

Besugo de la piga, yuzu y alcaparras:

Este fantástico plato lo pudimos disfrutar acompañado de “Ossian 09. Vino de la tierra de Castilla y León”:

Brandada de bacalao. Estofado de tripa, espuma de bacalao, sopa al aceite de oliva, escaluñas con miel, tomillo, y cerecita. Contraste vegetal:

Y para beber, “Nelin 09. DOQ Priorat”:

Blanquita de lechón ibérico al riesling. Terrina de mango, melón con remolacha, puré de remolacha, ajo negro, cebolla y concentrado de naranja:

Y como no, para acompañarlo, un maravilloso riesling “Von Bassermann-Jordan Kirchenstück 08 VDP Pfalz”:

Salmonete cocido a baja temperatura:

Acompañado de “Carles Andreu 10 Trepat. DO Conca de Barberà”:

Mollejas y ventresca de cordero a la brasa con berengena, café y regalíz:

Tan magno plato solo podía ser acompañado por una copita de “ÀN 07. Vi de la terra de Mallorca”:

Hígado de paloma torcaz con cebolla, nueces caramelizadas al curry, enebrinas, piel de naranja y hierbas:

Y para que no entre solo, una copilla de “Idus Vall-Llach 06. DOQ Priorat”:

Pues nada, hasta aquí los platos principales, pero por si os habéis quedado con hambre, aun faltan los postres.

Crema de jarabe de arce, pera, nueces y cardamomo:

Y para beber, una genialidad, sidra de pera “Poire Granit Simonsberg-Stellenbosch”:

Manzana de ferias:

Acompañada de “Garnatxa d’Empordà. Vi dolç natural Espolla”:

Y ya llegamos al final del menú con un “Hojaldre de moca. Crujiente de anís con espuma de moca y granizado de café”:

Y una de las joyas de la corona que nos podemos encontrar en el mundo de los vinos. “Quinta do Noval Colheita 86. DOCG Oporto”:

Bueno, a decir verdad, aun no se había acabado… faltaban los cafés, tés, etc, etc… Yo me pedí un té blanco para bajar toda esta comida, y para acompañarlo, nos trajeron esto:

Una bandeja de surtido de bombones, por si no habíamos tenido bastante, y cuando estaba por la mitad nos digeron si queríamos más… otra vez, en menos de 15 días, digimos todos al unísono que no queríamos más comida… No podíamos comer nada más. De hecho, nos sentamos a la mesa que eran casi las 21 horas, a las 21 justas empezaron a sacar los aperitivos, y acabamos de comer a la 1:30 (de comer, ya que aun faltaban los cafés), es decir, 4 horas y media de puro vicio y placer para el paladar. Salimos del restaurante a las 2:30.

Pues aquí lo tenéis, este es el menú festival del Can Roca, ya habéis visto el precio del menú y maridaje en la carta, pues a todo eso le tenéis que sumar el agua, y los cafés… En fin, lo dicho, una pasta, pero sigo sin considerarlo caro. De hecho, nada más salir, ya estábamos pensado en cuándo volver, pero dada la lista de espera, el hecho de recuperarse del banquete y que tenemos que encontrar la visa, ya que la pobre está superescondida muerta de miedo, no creo que volvamos hasta pasado el verano de 2013.

Solo me queda dar las gracias al servicio del Celler, muy amables, atentos, profesionales en definitiva, y al Sr. Josep Roca, que estuvo por el restaurante haciendo que la gente se sientiera como en casa, y atendiéndonos personalmente en un par de conversaciones que tuvimos con él. Me gustaría mandar un saludo especial a Davide, nuestro camarero toda la velada, por sus esfuerzos para hablarnos en catalán y su paciencia ya que en cada plato y cada botella de vino le pedíamos si nos dejaba hacer una foto.

Una experiencia inolvidable. Bon appétit!

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