El Buey

En el centro de Madrid, cerca de la Plaza de España (enfrente del Senado), nos podemos encontrar con un restaurante tradicional, vamos, de los de toda la vida… no por el tiempo que lleva establecido allí (más de 30 años) sino por el ambiente, la comida, el servicio, etc, etc… Se trata de El Buey (http://www.restauranteelbuey.com), un restaurante en el que el tiempo se ha detenido para ofrecernos una de las mejores carnes que se pueden probar.

Seguramente la gente a la que le guste la buena mesa ya lo conocerá, y a los que no habéis tenido el gran placer, os recomiendo encarecidamente que lo probéis, ya que una vez que entráis por esa puerta ya sabéis que no será la última. Me llevó mi pareja hace unos días y quedé tan encantado que ha quedado en mi memoria como sitio imprescindible al que iré cada vez que vaya a la capital.

Es un restaurante de cocina de mercado, tradicional, sin grandes florituras, donde su estandarte es el buen servicio, y la calidad de las materias primas, en el que, como su nombre indica, predomina una excelente carne de buey, entre otras cosas muy ricas.

Aquí podéis ver una foto del interior del local

Nosotros tuvimos la suerte de ir entre semana y nos arriesgamos a no reservar, así que nos plantamos allí nada más abrir a mediodía, y nos dieron mesa. Si queréis ir a una hora de comida decente o fines de semana, llamad antes, ya que tiene pocas mesas y aunque sea entre semana se llena. Una vez dentro te sientan en la mesa, te dan la carta, y te traen un aperitivo de queso belga (creo recordar) bastante parecido al parmesano. La recomendación del camarero es la que pedimos nosotros, y la gran mayoría de los que comieron a nuestro alrededor, ya que aunque todo lo de la carta tenía una pinta estupenda, qué mejor que hacer caso a quien sabe de lo que habla. Es decir, el plato del día de primero, y carne de lomo de buey de segundo. Solo nos quedaba elegir el vino, que en vez del Ribera de Duero que tenían como vino de la casa decidimos pedir el único Vino de la Tierra de Madrid que tenían en la carta (allá donde fueres, bebe su vino…). Sin ánimo de criticar, sino más bien de hacer notar, la carta de vinos también era tradicional, casi todos eran Riberas, 2 o 3 Riojas, y el Vino de Madrid que pedimos.

Era un Tagonius Crianza 2007, un vino ideal para acompañar carnes rojas y sabrosas. Con unos aromas a torrefactos, y especias complejas basadas en la pimienta y clavo que dejaban entrever unos frutos negros sobremadurados casi compotados en el fondo de dichos aromas. Unos taninos maduros y suaves, así como una acidez media daban a este vino un cuerpo digno del ágape que nos esperaba. Un vino de corte bastante clásica para mi gusto (cupage de Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Syrah y Merlot, con una crianza clásica quizá demasiado notable en los aromas y el gusto), siempre y cuando se compare con las modernas garnachas que se hacen hoy en día por los alrededores de Madrid, pero que encaja perfectamente en el ambiente en el que estábamos, es decir, una gran elección para desmarcarnos de los aciertos seguros de Riojas y Riberas.

El plato del día era una berenjena rellena de langostinos (entre otras cosas), que pedimos para compartir, con lo que ya nos lo trajeron en dos platos, media berenjena en cada plato, con una cabeza de langostino en cada una de ella… Empezábamos bien, un plato excelente, sabroso, lleno de matices y nada empalagoso, sin duda una gran elección que daría paso al plato principal.

Mi mitad de la berenjena

Obviamente dicho plato es el lomo de buey, como solo ellos saben hacerlo, es decir, crudo. Nos sacaron la bandeja con los trozos del lomo de buey crudo, con un poco de sal gorda por encima, una bandeja de patatas fritas, y una tarrina de una salsa parecida al chimichurri… Y dos platos de barro casi al rojo vivo, con lo que ibas cogiendo los trozos de carne, te los ponías en el plato y se iba haciendo al gusto de cada uno… Si te gusta más hecho, pues los tienes más rato en el plato… Cabe decir que no sé si es la mejor carne que he probado, pero una de mis “top five” seguro. Una carne sabrosa, jugosa, sin prácticamente grasa, que te la ponías en la boca y se deshacía de lo tierna que era… Lo estoy recordando para relatarlo y la boca se me hace agua…. Algo realmente exquisito…. Obviamente, el plato se va quedando frío y a los trozos de carne cada vez les cuesta más hacerse, pero no hace falta que llames al camarero para que te cambie el plato, el servicio está atento a todas las mesas, y antes de que se te enfríe el plato del todo, ya te han traído otro plato caliente para que puedas seguir disfrutando de esta maravilla de carne. Además, la experiencia es un grado, y te traen la cantidad justa de carne para quedarte bien, sin saciarte, pero sin quedarte con hambre…. Aunque está tan sumamente deliciosa que te planteas el hecho de pedir un poco más de carne, aunque luego tu cerebro se impone en la decisión y te obliga a no pedir más para dejar un huequecillo al postre….

Unas fotillos de la carne

En nuestro caso, dicho postre fue un milhojas de nata y crema, el cual también lo pedimos para compartir, ya que dos postres nos parecían exagerado…. Nos preguntaron si lo queríamos con chocolate por encima, pero nos controlamos y rechazamos tal satánica tentación… Como son muy majos, también nos sacaron el postre en dos platos individuales, y menos mal que solo pedimos uno para compartir, ya que lo que se ve en la foto, es mi mitad del postre.

Y bueno, para acabar con todo esto, y ante el inminente paso a pedir la cuenta, nos trajeron unos “chupitos” de la casa, los cuales eran unas pequeñas cazuelitas de chocolates rellenas de un licor de crema, algo sublime, ya que era como un bombón relleno de licor, pero mejor. En cuanto al precio, a mi me cuesta decir si un sitio como este es caro o barato, ya que la calidad de lo que has comido, y el servicio es tan bueno, que no te importa pagar una cosa u otra. En nuestro caso fueron unos 37 € por cabeza, para que os podáis hacer una idea de lo que os podéis gastar cuando lo visitéis, ya que tengo la certeza, que si leéis este post, y estáis cerca de Madrid, seguro que lo visitáis.

En definitiva, El Buey es un placer para los sentidos, y otra excusa para volver a Madrid tan pronto sea posible.

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