DO Ribeira Sacra (2012)

Si tuviera que escribir un libro que se titulara “Los 5 lugares a los que hay que ir antes de morir”, la Ribeira Sacra en Galicia sería uno de ellos sin dudarlo ni un segundo. A parte de ser un paisaje paradisíaco, es una de las denominaciones de origen más espectaculares del territorio nacional, buenos vinos, buena comida, y sobre todo buena gente.

La Ribeira Sacra:

La aventura empezó ya hace unos meses. No sé quien propuso la idea, ni dónde fue, pero seguro que fue en una reunión gastronómica, alrededor de una paella hecha por el menda. Total, que nos pusimos de acuerdo Víctor, Roser, Oriol, Montse y yo mismo, y decidimos que nuestro destino en vacaciones de este año sería la Ribeira Sacra. Reservamos una casa rural en una aldea de Doade (Concello de Sober), y a esperar el día… que no llegaba nunca. Hasta que llegó. Salimos de Barcelona a las 5 de la mañana, y llegamos sobre las 8 de la tarde a la casa rural. Allí estaba esperándonos la dueña de la casa, y aunque ya la habíamos visto en fotos, nos quedamos maravillados con la super casa… impresionante. Dos pisos, 4 habitaciones con baño individual cada una de ellas, barbacoa, jardín…. En fin, os dejo el link por si vais por la zona.

http://www.casadoestevo.com

Aquí hay una foto de la casa:

El entorno:

Después de llegar, y que Mari Luz (la dueña) nos explicara las maravillas de la zona que podíamos visitar, nos dimos una ducha, y engañamos a Montse para dar una vuelta, y llevarla a un restaurante de la zona a cenar, ya que el día anterior fue su cumpleaños y queríamos darle una sorpresa. Total que llegamos al restaurante “A Cantina”, a unos 15 minutos andando desde la casa, y nos pusimos a cenar, teniendo el primer susto del viaje: mi primera experiencia extrasensorial con la muerte. Vi pasar toda mi vida en un momento…, vi la luz al final del túnel (que curiosamente es una bodega…), mientras “mis amigos” se descojonaban… todo un detalle. El caso es que tenían en la carta unos platos de carne gallega exquisitos, y claro, no fui valiente para pedirme el chuletón de 500 gramos, así que me pedí el entrecot de 250 gr. Y ¡cómo estaba!, madre mía… tan bueno, que uno de los trozos que corté no fue lo suficientemente pequeño para pasar por mi garganta y ahí se quedó, durante un rato que me parecieron horas…. Después de hacer varios aspavientos con las manos, pasar del color carne, al blanco, después al rojo, más tarde al verde, amarillo, azul, violeta, y ver como la panda de cachondos mentales que me acompañaban pensaban que estaba de coña y se estaban descojonando de mí, al final alguien me tomó en serio, y Víctor (al que a partir de ahora le voy a llamar mi salvador) me hizo la manobria de nosequién, y el trozo de entrecot pudo salir por donde había entrado…. Volví a nacer, y claro, para celebrar mi segundo nacimiento, me tuve que emborrachar con los Mencías de la zona. Desde entonces me tomo la vida menos en serio y bebo más vino. Nunca sabes cuando un entrecot asesino te puede volver a atacar.

A Cantina:

El entrecot asesino:

Al día siguiente fuimos a Castro Caldelas, un pueblo cerca de Doade y de Dominio de Bibei, la bodega que íbamos a visitar por la tarde. En la sección de bodegas os relato la visita, digna de leer, y sobre todo de visitar.

Después de tanto comer y beber, y es que casi no habíamos empezado las vacaciones, ya nos tocaba hacer algo de deporte. Esta vez nos fuimos por la carretera de A Teixeira hasta Cristosende y a pocos minutos encontramos una pasarela de madera que recorría el cañón del río Mao. Una ruta fantástica de unos 2 km que recorre este pequeño río, rodeado de bosque, hasta que llegamos a un pequeño pueblo medio abandonado. Impresionante el paisaje otra vez. Y como la cabra tira al monte, nunca mejor dicho, pues por la tarde fuimos a visitar otra bodega, Regina Viarum. Bueno, de esta bodega solo puedo decir que es muy bonita por fuera, han construido un gran complejo turístico, pero no salimos nada convencidos de la explicación que nos dieron de cómo hacían sus vinos, ni de los caldos en si. Lo único bueno que tenía era que estaba a 20 minutos andando de la casa donde estábamos, con lo que apuramos las copas que nos dieron a probar hasta el final. Y para matar el mal sabor de boca que nos dejó, en el camino de vuelta a casa, nos sentamos en la terraza de nuestro restaurante favorito, “A Cantina”. Pedimos unas copas de vino, y haciendo caso a nuestro instinto animal, unas raciones de pulpo y padrones, para integrarnos con el entorno. En eso, que ahí estábamos tan tranquilos, que pasa un coche con un joven super majo que no conocíamos de nada, y nos dijo que cuidadín con lo que bebíamos que había visto unos metros atrás a la Guardia Civil con cara de pillar a forasteros que habían bebido un par de copas de más. Lo dicho, menos mal que íbamos andando. Así que le dimos las gracias y le dijimos que esta vez no nos pillarían. Lo que os decía, una gente muy maja la de la zona… aunque a veces un poco inquietante… Hubo un par de personas que intentaron ponernos el miedo en el cuerpo con sendas historias de un perro lobo que andaba por la zona y que podía atacar a la perra que llevábamos, y otra de que un joven de la zona con alguna deficiencia síquica se había escapado del siquiátrico y estaba buscando la casa de su familia… Pero nunca llegaron a asustarnos, o sí?

La pasarela:

Yo en medio del río Mao:

Otro día (ya no sé si sigo un orden cronológico, o el que mi cerebro buenamente recuerda…), fuimos a visitar la bodega Cachín, en el pueblo de Abeleda. La queríamos visitar ya que habíamos probado en la cena del primer día el Peza do Rei, y está muy bueno. Si queréis conocer más de Cachín y César su dueño, ya sabéis que en el apartado de bodegas os cuento más cosillas.

Y como no quiero hacer demasiado largo este relato, voy a contar brevemente otros lugares y cosas que hicimos. Buscamos una ruta de unos molinos viejos restaurados cerca del pueblo de Sober, una ruta preciosa también que sigue un pequeño riachuelo que otrora tendría el suficiente caudal para dar funcionamiento a dichos molinos. Son preciosos y cada uno de ellos tiene un pequeño poema en galego colgado en la pared. La ruta circula también por el pequeño valle del río, donde encontramos infinidad de flora autóctona… aunque la fauna esta vez no salió a recibirnos…. Menos mal, ya que no teníamos ganas de encontrarnos con una familia de jabalíes hambrientos…

La ruta de los molinos:

Otro sitio a visitar es el pueblo de O Carballiño, a 10 minutos de Ourense, donde su iglesia impresiona, pero lo que más impresiona es la pulpería Casa Gazpara. Nada más entrar en la terraza que tienen, ves un caldeiro de cobre gigante, y la pulpeira sacando los pulpos a mano, cortándolos delante de ti, poniéndole la sal, el pimentón picante, el aceite de oliva, y a la mesa… Solo recordarlo empiezo a salivar. Además es fácil encontrarlo, está justo al lado del ayuntamiento, y unos toldos verdes a la derecha del mismo y el olor a pulpo recién cocido marcan el lugar. El mismo día, después de una comida a base de pulpo, carne o caldeiro, anguilas, etc…, nos fuimos a unas termas naturales en Ourense para relajarnos. Varias piscinitas con agua a diferente temperatura justo al lado del Miño, y gratis, ayudaron a digerir el pulpo…. mmmm… pulpo…. pulpo….

La pulpería y Oriol:

El pulpo:

Esteeee…. El que quería enseñar es este otro pulpo:

Y para acabar, pues el típico viajecillo en barco por el río Sil. Hay varias excursiones, yo os recomiendo el que hicimos nosotros, ya que lo organiza la bodega Algueira (que entre unas cosas y otras no pudimos visitar, tarea pendiente para la próxima vez), y en medio del trayecto atracan en un árbol que sale del río, y te dan a probar el godello de la bodega. Es un barco pequeñito, que si tenéis suerte y sois unos cuantos, pues igual vais vosotros solos, y podéis disfrutar más de la excursión. Además la guía y el capitán del barquito son muy simpáticos y te cuentan un montón de anécdotas de la zona y sus habitantes.

En el barco disfrutando del vino:

Resumiendo, y como ya llevo diciendo todo el rato, nos enamoramos de la zona, de sus paisajes, de su gastronomía, de sus vinos, de su gente, del chupacabras que nunca llegamos a encontrar, de los lobos, de los jabalíes, de la pareja a la que jodimos el polvo una noche que salimos a tomar gintonics a un mirador en medio de la montaña, etc… Si tenéis unos días en los que no sabéis que hacer, tenéis que ir. Por mi parte, me he dejado muchas cosas en el tintero, por ejemplo, la visita improvisada que hicimos a una granja de avestruces organizada en 5 minutos por un carnicero de Monforte de Lemos… pero tampoco es plan de escribir un libro.

Volveremos.

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