Koy Shunka

Hacer una comparación superlativa diciendo que una cosa es la mejor de toda su categoría es arriesgarse mucho, y a veces innecesariamente. Ahora bien, si digo que el Koy Shunka (http://www.koyshunka.com) es el mejor restaurante japonés de Barcelona, e incluso de Europa habiendo estado en muy pocos restaurantes japoneses no es correr tal riesgo, ya que prácticamente casi todos los críticos gastronómicos del momento están de acuerdo conmigo.

El restaurante es el segundo de la familia, sigue los pasos de su hermano mayor Shunka, pero se desmarca un poco para ofrecer un estilo más refinado y delicado. Hideki Matsuhisa (propietario del Koy Shunka) nació en Japón y aprendió el arte de la cocina japonesa en el restaurante de su padre, y en varios restaurantes más antes de establecerse en Barcelona y abrir el Shunka y posteriormente el Koy Shunka. En 2013 recibió su primera estrella Michelin y ha obtenido elogios tales como que Ferran Adrià diga que el sashimi que se sirve en el Koy Shunka es el mejor sashimi que ha probado nunca.

Así que ante tales referencias, y para celebrar el aniversario con mi pareja, allí me la lleve para disfrutar de un gran espectáculo culinario. Hablo de espectáculo, ya que a parte de la delicadeza de la comida japonesa, verla preparar es realmente un factor importante de la misma, por este motivo, en el Koy Shunka te tienes que sentar en la barra. Sí, hay mesas, pero una vez que se va a este restaurante, se debe estar en la cómoda barra para disfrutar del espectáculo que ofrecen los cocineros mientras preparan esa delicadeza que estas a punto de probar. El tema de la barra es que no puedes pedir a la carta, sino que tienes que pedir uno de los dos menús degustación que ofrecen… Vamos, todo un problema…. Nosotros nos decantamos por el menú pequeño, ya que después de la visita al Celler de Can Roca, ya sabemos que no hace falta pedir el menú festival para poder disfrutar de verdad de este tipo de restaurantes.

Aquí os dejo alguna de las imágenes del “baile” de los cocineros, hora entenderéis lo de espectáculo:

Y este es el menú que elegimos. A partir de ahora es recomendable que sigáis leyendo con el estómago lleno, ya que si no, se os hará la boca agua…

De aperitivo nos trajeron una especie de galleta de arroz con sopa de miso en una taza de café cortado… la galleta estaba buena, pero lo de la sopa de miso no tiene nombre….

Y a partir de ahí empezaron a sacarnos los platos, el cocinero se lo daba a la camarera, que nos lo servía y era el propio cocinero el que explicaba el plato. El primero que nos sacaron fue Ostra y Tobiko sobre crema de tupinambo, del que no tengo fotos porque estaba tan concentrado en disfrutar del espectáculo que se me olvidó. Lo que sí que recuerdo es que era un plato super delicado, muy sabroso, sorprendente y espectacular. A éste le siguió la Esqueixada de Koy con pulpo, escupiñas, espardeñas… vaya, una reinterpretación de la típica esqueixada catalana. El plato es alargado y blanco, y la comida en sí la montan en medio sobre un círculo rojo, todo un homenaje a la bandera de Japón.

Seguidamente nos sacaron Espárragos Blancos con Percebes asados. Yo había probado una vez los percebes, en un bar de Santiago de Compostela, y sí, estaban buenos, no digo que no… pero no le encontré el punto de por qué se consideran tal manjar… Hasta que probé estos… Para que os hagáis una idea, esa cosa que parece una mini zanahoria, es en realidad la carne de un percebe…. Otra vez, sin palabras….

Y ahora sí, uno de los platos estrella, el SASHIMI. Lo pongo en mayúsculas porque no hay otra manera de ponerlo. Esto si es sashimi de verdad, el pescado sabe a mar, a pescado de verdad, con una textura espectacular, que se te deshace en la boca. No es eso que sirven en los WOKs, no es eso del japonés de la esquina, es otra cosa… Después de disfrutar (no le puedo decir simplemente comer…) este plato, me giré hacia Cris, y casi con lágrimas en los ojos le dije algo así como que ahora ya entiendo lo que significa comer sashimi…

Pero bueno, faltaban más cosas… En la vida siempre que hay que continuar hacia adelante, ya que seguramente encontrarás cosas muy buenas, como esta Gamba de Estella… Está hecha muy en su punto a la brasa, y bueno, obviamente me dejé la cabeza para el final… Para después de dsifrutar del plato, atacar la cabeza y comérmela como si no hubiera un mañana…. Creo que la dejé seca, seca…. Como anécdota diré que el tipo que yo tenía a mi izquierda se dejó la cabeza de la gamba sin tocar… Cuando vi que se la dejaba, noté un pequeño pinchazo en mi corazón…. Pero no fue lo único que se dejó, más adelante os cuento más…

Ya casi estamos llegando al final, y ahora nos tocaba probar el bogavante en verduras…. Aquí creo que la foto tiene que hablar por si misma… ya que las barritas negras son trufas negras, con lo que los aromas de este plato no pueden describirse en un blog…. Además uno de los ingredientes de la “guarnición” eran guisantes, pero no unos guisantes cualesquiera, no… eran unos guisantes de verdad, como los que no he probado en mi vida, esplotaban cuando los mordías, y un sabor… buff… Ahora también entiendo porque se considera a los guisantes uno de las mejores delicatessen que hay, llegando a estar a unos 200 € el kilo (los buenos claro…).

Y para acabar con el festín de pescado, el sushi. 6 piezas servidas en dos turnos, primero estas 4, que no recuerdo exactamente qué tipo de pescado llevaban, pero que estaban espectaculares.

Y seguidamente, dos piezas más de un cono con atún toro. Una explosión de sabores inimaginable….

Pues bien, el mismo tipo que se dejó la cabeza de la gamba, va y se deja la mitad de las piezas de sushi… creo que en estos casos el asesinato debería ser legal… Como en el caso de la señora que estaba a nuestra derecha, que se pidió uno de los mejores Albariños de todas las Rías Baixas (un buen Pazo de Señoráns), y no va la tía y le pide hielos a la camarera… Yo creía que los pidió porque se torcería el tobillo y quería ponerse algo frío, no, no… se sirvió el vino en la copa con los hielos… En fin… anécdotas de una gran noche….

Y nada, para acabar ya definitivamente, el postre, un plato con frutas rojas y negras del bosque con un poco de helado, y yo me pedí un té para poder digerir todo este manjar.

En cuanto al vino, es donde me quedé un poco decepcionado. La carta era correcta, sin muchas referencias, pero bien escogidas. Uno de los problemas, pues el de siempre, el precio, que sabiendo los precios que hay en tienda, se hace raro ver esos precios en una carta de restaurante, pero bueno, una vez es una vez, y nosotros optamos por un vino delicado para acompañar tan delicada cocina. Dönnhof Riesling Trocken 2011 de la zona de Nahe. Otro de los problemas que me encontré es que los conocimientos de sumellería de los camareros eran justitos, ya que ante les pedí consejo para elegir el vino entre un Sancerre y este Riesling, y la chica se quedó un poco como parada y al final me dijo que el Riesling lo pedía más gente… Lo mismo me pasó en el postre cuando les pedí un vino dulce para acompañar las frutas del bosque, no tenían vino dulce, así que les pedí un licor de ciruela, al que me invitaron, no hay mal que por bien no venga. Y bueno, ya por rizar el rizo, comentar que no disponen de la opción maridaje, aunque bueno, yo diría que no les hace falta. De todas maneras, salí muy contento con el servicio, muy amables, y muy atentos en todo momento.

Y hasta aquí mi relato sobre el Koy Shunka, espero que hayáis disfrutado del relato y que os entren ganas de ir a probarlo después de ahorrar un poco, ya que la cena puede salir por unos 100 euros por persona, dependiendo del vino que pidáis, claro.

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