Albarín Blanco Pardevalles – Arroz al horno con bacalao

Estoy tentado de llamar a este post “Sarandonga”, pero no lo voy a hacer, no vaya a ser que me pidan derechos de autor. El caso es que uno de mis hándicaps es el arroz al horno, así que cada vez que tengo una oportunidad ensayo este delicioso plato y me contrato a mi mismo como conejillo de indias… Así me va…

Para un domingo cualquiera de enero en el que estás aburrido en casa, lo mejor es preparar un arroz con bacalao al horno, y el que piense lo contrario, que me dé los argumentos que quiera que se los rebatiré encantado. Es un plato sencillo (a priori), ya que solo se necesita arroz, bacalao, cebolla, tomate, ajos, garbanzos cocidos, azafrán y caldo de pescado. Como todo en la vida, el caldo de pescado lo puedes hacer tú mismo o comprarlo en el súper, y como todo en la vida, el resultado del plato dependerá de ello. En mi caso lo compré en el súper, así me va… Respecto al bacalao, hay diferentes opiniones de cómo debe ser para hacer este plato, que si tiene que ser migas de bacalao y las desalas en casa, que si puedes utilizar un trozo de bacalao ya desalado, etc… yo utilicé bacalao congelado y ya desalado, sí, la opción fácil.

Pues nada, manos a la obra. Primero, precalentamos el horno al máximo de potencia. Y empezamos con el bacalao. Se pasa por harina (en el caso de tenerlo en bloque y ya desalado, si no, se tiene que desalar, y si son migas, no hace falta seguir este paso), y se fríe en una sartén con un poco de aceite de oliva. Mientras, ponemos el caldo de pescado a calentar (a fuego lento, sin que llegue a hervir), cuya cantidad, será el doble que de arroz, es decir, si pones dos tazas de arroz, pues cuatro de caldo. Y la cantidad de arroz, pues una taza por persona (como el tamaño de las tazas del mundo es estándard, no creo que haya confusión con esta medida).

En una cazuela de barro, se sofríe la cebolla cortada a trozos pequeños, y cuando esté doradita, ponemos el bacalao, que si es en bloque, lo desmigaremos un poco, se le da un par de vueltas, y se echa uno de los tomates rayados. Se sofríe, y se le puede echar un poco de vino blanco, medio vaso es suficiente. Se deja un par de minutos dando vueltas para que no se queme nada, y se echa el arroz lavado (que se le haya ido el almidón), los garbanzos cocidos, y 4 o 5 hebras de azafrán. Se remueve todo, y se le añade el caldo. Se puede poner el otro tomate partido por la mitad encima, y unos dientes de ajo sin pelar (si pones toda la cabeza en medio de la olla, queda genial). Y tal cual, al horno durante unos 25 minutos, hasta que chupe todo el caldo. Se saca, se deja reposar 5 minutos, y bon appétit.

Aquí podéis ver el resultado de este plato

Ahora viene la parte importante del plato, y es que necesitaba una buena excusa para abrir este Albarín de Pardevalles, por eso tuve que meterme en la cocina y hacer este suculento plato… Se trata de un vino blanco de la DO Tierra de León, y de la variedad Albarín Blanco (no confundir con el Albariño, que no tiene nada que ver). Nada más ponerlo en naríz sorprende su aroma a frutas blancas, como pera y plátano, con un marcado toque de cítricos y frutas tropicales, y algunas notas herbáceas. En boca es fresco, elegante y divertido. Con buen cuerpo y un alcohol y acidez muy bien integrados, haciendo de este Albarín un vino redondo y goloso. Muy recomendable para descubrir otras variedades y otras zonas productoras diferentes a las que estamos acostumbrados.

En resumen, un gran plato para un gran vino, aunque tengo que decir, que a mi madre le sale mejor el arroz al horno, tendré que seguir practicando.

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